Había escuchado o leído algunas veces la palabra Kayrós, pero nunca me percaté del significado tan trascendente que encierra este término; hasta ahora que tal vez es por causa de Kayrós que me toco aprender lo que sigue y que te comparto con mi mayor afecto, en estos días previos a la navidad.
Los griegos conceptualizaron el tiempo en dos dimensiones completamente definidas, a las que denominaron: Kronos y Kayrós.
Kronos es el tiempo lineal que se mide con el reloj y el calendario, a través de segundos, minutos, horas, días, años, siglos, etc. Es un tiempo cuantitativo. Nuestras vidas adquieren sentido aparente, en relación a la realidad en que se desenvuelven, cuando nos afincamos en alguna medida de ese tiempo, que está en el pasado o en el futuro.
Por su parte, Kayrós es un tiempo existencial y cualitativo, independiente de cualquier medida cronológica. Es “el tiempo de Dios”, eterno e infinito, que se manifiesta en ocasiones propicias de nuestra dimensión efímera y finita, a través de momentos extraordinarios y maravillosos de amor, gozo, dicha, alegría, paz, felicidad o sentido de unidad con el universo.
Se dice que los griegos creían en Kayrós para oponerse a la tiranía de Kronos, también lo asociaban a la risa que produce bienestar y algunos sabios de entonces consideraban que era la primera causa de todo, el primer Dios y también el atributo de Dios.
En varios de los pasajes de la Biblia se hace referencia a este tiempo especial; en el Nuevo Testamento se encuentran afirmaciones como: “El tiempo se ha cumplido” (Marcos 1,15). “Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento.” (Marcos 13,33). “Para ustedes cualquier tiempo es bueno, pero el tiempo mío aún no ha llegado.” “Entonces quisieron arrestarlo, pero nadie le echó mano porque aún no había allegado su hora” (Jn. 7:6, 8, 30, 8:20). “Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado” (Jn. 12:23, 13:1). San Pablo denominó Kayrós a Jesucristo.
Kayrós se relaciona también con la Epifanía, que significa la manifestación de un fenómeno milagroso. En términos cristianos, es cuando Jesús se “da a conocer” en forma y presencia humana sobre la tierra, “la entrada de Cristo en el mundo, presentada como la del emperador que viene a tomar posesión de su reino.” También se relaciona con Adviento, como la preparación para recibir la Navidad.
En términos más orientales, Kayrós podría asociarse también a Iluminación, equivalente al despertar espiritual; un estado de plenitud absoluta en un presente constante, al que se llega a través de la meditación.
Resulta vital para nosotros, seres relativos, tener claridad sobre esta bidimensionalidad del tiempo. Tal vez, si la tuviéramos más presente, nos libraríamos de muchos problemas y dificultades.
Es inadecuado considerar que el tiempo es sólo Kronos, como corrientemente nos ocurre, porque nos estresamos a causa de los tormentos del pasado y las pre-ocupaciones del futuro. La angustia por las cosas que no hicimos y la ansiedad por las cosas que quisiéramos hacer, están afincadas en ese tiempo lineal que muere con nosotros, cuando las manecillas del reloj o las páginas del calendario apuntan determinados números.
También es inadecuado considerar que sólo existe Kayrós, porque al sumirnos en un ámbito puramente espiritual y perder la noción del tiempo lineal, también perdemos el sentido del espacio y, por consiguiente, de nuestra razón de ser Seres humanos, con deberes sagrados que cumplir.
Es muy importante que en nuestro lenguaje, que es generador de la realidad en la que vivimos, tengamos esa doble acepción del tiempo; pero no enfrentados en polaridad irreconciliable, sino como opuestos complementarios (Ying Yang). Kayrós y Kronos existen y están allí como instrumentos a nuestro servicio. Usando nuestra conciencia podemos ir de un opuesto al otro buscando el equilibrio y aprendiendo de esas experiencias, para así seguir creciendo en conciencia.
Los días cercanos a la Navidad tienen un tono muy especial, en todas partes estamos más sensibles y prestos a dejarnos llevar por las emociones y la espiritualidad. Los cristianos sentimos que, en efecto, “es el Tiempo de Dios” y que Jesús viene de nuevo a recordarnos que debemos amarnos los unos a los otros, como él nos amó. Es el tiempo del amor, que con su fuerza centrípeta hace Uno a las diversas versiones del Universo.
Entretanto nosotros, en uso del libre albedrío concedido, tenemos dos opciones: La primera es abrirnos a Kayrós y participar de este “tiempo propicio”, de esta fiesta extraordinaria, exultantes de amor y entusiasmo y, la segunda, es que miremos el calendario solamente para constatar que ha llegado otro 25 de Diciembre más y que viene un año nuevo, restando un año menos a nuestras vidas.
Lima, diciembre de 2008.
V. Herly Llerena G.
martes, 16 de diciembre de 2008
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